Cómic en la Historia

andalucía profundiza

El cómic, otra manera de ver la historia

¿Por qué no usamos el cómic en nuestras clases? Menuda pregunta, ¡y cuántas respuestas podemos dar! Creo que es hora de soltarnos, evitar prejuicios, en definitiva, atrevernos. Hasta hace poco, yo mismo, me hacía la pregunta con cierta inquietud. Con ciertos reparos y timidez, hacía incursiones en los comics que desarrollaban acontecimientos históricos y los planteaba en clase, pero nunca en serio, ya fuese por desconfianza o reparos al estar utilizando un material a todas luces poco apropiado.

¡Qué equivocado estaba! A lo largo del curso, fui retomando la antigua idea de manejar este material en mis clases, comprobando en todas las ocasiones, que el cómic me estaba ofreciendo, sin ser muy consciente de ello, unas posibilidades, que el libro de texto no podía alcanzar, pues éste, es verdad que ofrece un abanico de ilustraciones, mapas, dibujos… pero no es capaz de contar “historias”. Y esto es lo esencial, contar la historia con “historietas”, donde los acontecimientos históricos se cuentan como pequeñas aventuras, donde los propios personajes van generando la trama y secuencias como si de una película se tratase.

Quizás era el momento de intentarlo, ¿valdrían los cómics para las clases de historia? Me lo planteaba como un reto, y su puesta en marcha como un desafío. Si partía de una idea clara, y que sigo defendiendo: no hay un recurso tan bueno que pueda sustituir a otro, más bien, uno complementa al otro. En este sentido, el cómic se presenta como un buen aliado del libro de texto, que a veces, en ese celo de trasladar una información de la forma más rigurosa posible, olvida lo que el cómic si puede dar, contar y acercarse a los hechos históricos de otra forma, incluso mezclándolo con la pura ficción y el entretenimiento.

Este año, como profesor de Historia en dos cuartos de la ESO, y aprovechando la oportunidad que me ofrece el Programa de “Andalucía Profundiza”, trasladé a los alumnos la posibilidad que teníamos después de contarle el proyecto que tenía en mente. En líneas generales, con sorpresa o incredulidad, la mayoría acogió con agrado “lo de ver tebeos”. Ahora, mi misión, era de convencerlos de que los comics nos podían contar la Historia de forma distinta a la que estamos acostumbrados, y que por supuesto, con ellos no bastaba para tener una idea general y particular de todos los acontecimientos que íbamos a ver, sino que complementaba nuestra visión de los hechos. Quería hacerles ver, que en la mayoría de los casos, la historia se tomaba como excusa o como telón de fondo para contar una historia de aventuras, de acción, de intriga, donde la fidelidad a los hechos históricos no suponía la mayor preocupación para el autor del cómic, y que en principio no nos debía de importar si teníamos apertura de miras.

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